Finanzas Personales

                                                                                                                                                

 
EL DINERO ATRAVIESA SUS RELACIONES

  

Para evitar los malentendidos y la tortura por el control económico hay que poner límites, mantener la independencia y dejar las cosas claras.

El dinero está en el origen de muchos conflictos y preocupaciones, afecta el trabajo y todas las relaciones humanas. Es un tema tabú del que apenas se habla abiertamente y una de las principales causas de resentimiento familiar, rupturas matrimoniales y pérdidas de amigos.

Según como se utilice, este "poderoso caballero, don dinero" puede ser un símbolo amoroso u hostil, puede ofrecerse como expresión de amor o ser retenido o rechazado como un medio para invadir, dominar, controlar y aprovecharse de los demás, ya sean conocidos, familiares o amigos.

Los psicólogos aportan algunas claves para entender y utilizar este recurso como lo que es, "un medio de pago o cambio económico", en lugar de verlo como un arma secreta para manipular a los demás o dejar que nos manipulen.

Para muchos, abordar el tema del manejo del dinero con su familia o con sus hijos resulta tan embarazoso como hablar de sexo, pero no organizar las finanzas personales, de pareja y familiares puede terminar en un gran descalabro económico.

QUIÉN PAGA QUÉ


El dinero afecta las relaciones y puede haber mucha 'tortura' por el control económico, las mentiras derivadas de cómo se ha gastado o lo que ha costado una cosa u otra, todo lo cual puede separar a las personas.

Antes de casarse, las parejas no suelen hablar o no establecen cómo se va a manejar la economía casera. En ocasiones, ni siquiera se hace un presupuesto de ingresos y gastos. Tampoco es claro quién asumiría tales gastos y ahí se derivan los conflictos.

De hecho, desde que se está en el romántico estado del noviazgo, es importante fijarse en el manejo que cada uno tiene del dinero: si es despilfarrador, si ahorra, si es tacaño, en qué cosas gasta, etc., y si esos comportamientos le agradan o no al otro.

Una vez comprometidos en una vida juntos, los sicólogos recomiendan que cada uno mantenga una economía independiente, y un fondo común para los gastos compartidos, y si uno de los dos pasa por un mal momento el otro lo ayuda.

Así, hay unos gastos fijos a los cuales cada uno aporta un determinado dinero, y unos ingresos propios, que cada uno administra y utiliza en función de sus necesidades, y para poder hacerse regalos, darse sorpresas, invitarse el uno al otro.

Siempre es bueno mantener la transparencia y también compartir, pero conviene mantener una cierta privacidad en la economía y autonomía para elegir lo que hace con el dinero propio.

Así, se evita tener que convencer al otro de que hay que comprar algo, buscar la aprobación o luchar contra la desaprobación de las compras, y las discusiones de si es más necesario un sofá o un ordenador, si es mejor esto que aquello.

Hablar de dinero no es de mal gusto, y es mejor tener todo claro. Ya no es como antes que las mujeres dependían económicamente del esposo y eso marcaba una dinámica en la que predominaba lo que él dijera. Hoy día las mujeres cuentan con sus ingresos, a veces mayores que los de su pareja, y eso puede interferir con la relación. Por eso hay que hablar del dinero.

Así que recuerde, antes de decidir vivir en pareja, hay que dejar las cuentas claras y el chocolate espeso. Según los especialistas, es recomendable tener en cuenta lo siguiente:

- Hacer un presupuesto de los gastos fijos (arriendo, cuotas, servicios públicos, mercado, salud, colegios,etc.)

- Un presupuesto de esas cosas que se pagan una vez al año: impuestos predial, de carro, declaración de renta, para que se puedan ir ahorrando y no sea un gasto grande el mes que toca pagarlo.

- Calcular un presupuesto para entretenimiento: salidas a comer, a bailar, paseos de fin de semana, etc.

- Hacer las previsiones para la temporada navideña y celebraciones especiales (fiestas infantiles, grados, aniversarios, etc.).

Tocar estos puntos es un buen momento para hablar de las diferencias que se tienen respecto al manejo del dinero y de hacer los acuerdos respectivos para no pelear por plata.

CON LOS HIJOS


Otro aspecto importante es el manejo del dinero con los hijos y todo lo que aprenden a través de él, especialmente con el ejemplo.

En nombre de la protección de los hijos, a veces lo que se hacemos es someter, dominar, manejar, vivir su vida en vez de la propia, porque tenemos una gran dependencia emocional de ellos. Aunque queremos que se independicen al mismo tiempo deseamos retenerlos.

Hay mucha manipulación disfrazada de la 'amplia generosidad', de un padre que da todo y de todo a sus hijos.

A veces es difícil establecer la frontera entre la protección y el intento de sometimiento, que significa "ahora te doy, pero después te paso la factura". Para dilucidarla conviene hacer una reflexión: ¿qué parte de mi se está gratificando cuando estoy dando, ¿es la parte pura, generosa, de apoyo o de acción educativa, o la que dice "así me va a querer más, voy a tener más autoridad sobre mi hijo, va a quedarse más tiempo conmigo".

La clave consiste en fomentar en uno mismo y en los hijos, la independencia emocional, desde donde las cosas se trabajan, eligen y elaboran mejor.

Eso en cuanto a la relación que se establece entre padres e hijos con el dinero. también está lo que se le puede enseñar a través de él.

Lo primero que se le trasmite es que el dinero no lo regalan, hay que ganarlo. Y ahí viene el valor del trabajo y de la honestidad.

Al tiempo se le enseña que las cosas valen, hay que pagar por ellas, y por lo mismo no todo se puede conseguir y lo que se quiere debe tener un sentido de utilidad o diversión

Una vez entra a recibir su mesada, hay que enseñarle el sentido del gasto y del ahorro. Cuánto valen las cosas y para qué alcanzan es importante para que los niños aprendan a manejar el entorno.

Es importante que ellos también aprendan a hacer presupuestos de sus gastos. Es una lección para toda la vida.

Cuidado con los excesos de generosidad

La persona que por sistema descuida sus propios intereses y necesidades para atender preferentemente las ajenas, muestra una actitud muy poco adaptada, porque la primera obligación la tenemos con nosotros mismos y nuestra conservación.

Una actitud demasiado generosa tiene que ver con una necesidad de aprobación a cualquier precio que indica una dependencia afectiva y un autoestima baja.

En el amor, la familia o el trabajo, hay que ser generoso hasta donde se pueda, siempre que no se deje de ser uno mismo y se respete al otro. Dar tanto, también puede agobiar a los demás, hacerlos sentir incapaces de conseguir lo que quieren o necesitan.

Además, acceder a todo lo que nos piden, conduce a que los demás no tengan la posibilidad de pedirnos más, y si acostumbramos regalar un servicio o bien material que tiene un valor determinado, quien lo recibe dejará de darle importancia.

Las personas que se muestran 'demasiado espléndidas' con el dinero y lo entrega excesivamente, puede estar necesitando forjarse una imagen de dador, o bien intentando compensar alguna culpa del pasado, revalorizar su imagen y sentir que es una buena persona o compensar sus propias perversiones.

Estas personas fijan un valor muy alto en el dinero y no en las personas como tal ni de sus propios valores como una forma de agradar y acercarse a la gente, distorsionando el sentido del mismo, de que es más un medio para subsistir que un todo.

Como todo en la vida, hay que poner límites, y aunque en ocasiones el afecto lleva a querer dar grandes regalos, también hay que poner esas relaciones en su justa proporción para excederse. Otro tema sensible con los amigos y familiares son los préstamos de dinero o las inversiones conjuntas. Todo debe estar claro.

 

 

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