EL PRECIO DEL CONOCIMIENTO
 

En mi lectura diaria de la Biblia me  encontré con un versículo que penetró a lo más profundo de mi ser, toda vez que siempre le he rendido hasta cierto grado cultos a la mercancía cognoscitiva, fue el versículo 18, del Capitulo 1, del libro del Eclesiastés, o el Predicador, que me permito citar a seguida, “Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade Ciencia, añade dolor.” 

En un entorno social donde se le rinde tributos soberanos a la simulación y al engaño resulta difícil poder navegar con un mínimo patrimonio epistemológico, toda vez que la mediocridad le ha sacado mucha ventaja a la meritocracia. 

Estas reflexiones las hago producto de una asamblea del Colegio de Abogados, Seccional Puerto Plata, donde se ventilaba el tema del extinto magistrado Teódulo Ceballos Peñaló, donde las discusiones eran crueles y despiadadas.  Sentí , mucho miedo en los presentes y en algunas situaciones impotencia, ojalá y se hayan consensuado opiniones y que éstas a su vez se hayan realizado, a la espera que se llegue a la conclusión de que solamente el bienestar colectivo garantiza el bienestar individual. 

Recuerdo el libro de Baltazar Gracian, que en su obra El  Arte de la Prudencia, escribió un axioma donde estableció, “Es mejor ser loco entre muchos que cuerdo solo”, aunque es un concepto inteligente para vivir en este mundo tan hostil, no es menos cierto que la aplicación del mismo nos reduce la estatura de ser humano. 

Es difícil tener un mínimo de conocimiento entre tanta mediocridad, en el entendido de hablar de un patrimonio cognoscitivo independiente y científico, que persiga la verdad, sin embargo, pienso y tengo el convencimiento de que resistir la injusticia es un deber del individuo para consigo mismo, porque es un precepto de la existencia moral,  es un deber para con la sociedad, porque esta resistencia no puede ser coronada con el triunfo, más que  cuando es general. 

Pienso que el conocimiento, da derechos, pero estoy convencido que un hombre sin ellos es como el más vulgar de los animales irracionales, es por eso de mi convencimiento  de que la defensa del derecho es un acto de conservación personal y, por consiguiente, un deber del que llega a ser lesionado para consigo mismo. 

Frente a la carencia de un real y legítimo estado de derecho, la carencia de una aplicación objetiva de las normas jurídicas, es como un asesinato judicial, es como el pecado capital de las ciencias jurídicas. Quien estando encargado de la administración de justicia, se hace cómplice de la injusticia, es como el médico que envenena al enfermo, como el tutor que hace perecer a su pupilo, es por eso que frente a ese trauma puedo subrayar que mi derecho es todo el derecho; defendiéndolo, defiendo todo el derecho que ha sido lesionado al ser lesionado el mío 

El funcionario judicial que se dejaba corromper era, en los  primeros tiempos de Roma, castigado con la pena de muerte. 

Se puede concluir diciendo que la lucha es el trabajo eterno del derecho, si bien es cierto que es una frase lapidaria decir, “ganarás tu pan con el sudor de tu frente”, no está de más añadir,  “Solamente luchando alcanzarás tu derecho.” 

Es por eso que desde que el ser humano no está dispuesto a lucha por sus derechos, los mismos son sacrificados, razón por la cual han  establecido algunos teóricos del conocimiento que sólo merece la libertad y la vida el que cada día sabe conquistarlas. 
 

*El autor es Juez miembro de la Cámara Civil y Comercial,  de la Corte de Apelación, del Departamento Judicial de Santiago.-