Tarlow nativo de Orengo, Estados Unidos, visitaba con frecuencia la comunidad de Sosúa donde tenía una lujosa residencia en el proyecto turístico Puerto Chiquito.
El periódico puertoplatadigital.com, tuvo acceso por la vía del Internet a la publicación que al respecto ha hecho los diarios de Orengo sobre la muerte del inversionistas norteamericano, el cual recibió varios impactos de balas a manos de varios desconocidos cuando se encontraba en su residencia.
A continuación lo que dicen esas publicaciones sobre este horrendo crimen.
Art Tarlow y un grupo de hombres de negocios invirtieron $1.8 millones en la construcción de un casino de lujo en Sosúa, municipio de la República Dominicana, donde el Abogado de Portland solía pasar las temporadas de invierno durante los últimos diez años.
Al fracasar la construcción del Gran Casino Sosúa Bay, el grupo en cuestión tomó posesión del hotel boutique en calidad de garantía.
Pero, el 10 de junio, la noche previa a la demanda en pública subasta Tarlow fue asesinado de un disparo en su casa.
La Policía está tratando de determinar si la muerte del profesional de 68 años de edad, ampliamente conocido tanto por su ferocidad en el estrado como por sus finas dotes de mediador, pudiera estar conectada con las negociaciones del Casino, según especulaciones de allegados a Tarlow en el municipio de Sosúa.
Aún no se ha presentado cargos contra persona alguna y la investigación continúa en progreso. Las autoridades locales han descartado el robo como motivo del crimen, ya que los artículos de valor propiedad de Tarlow como su computadora, reloj y las llaves de su Lexus (aparcado en la entrada) fueron encontrados en su casa.
Los familiares de Tarlow están brindando toda su cooperación a la Policía Nacional, pero se niegan a comentar detalles sobre la investigación.
Asimismo, el Departamento de Estado de los Estados Unidos declinó el hacer comentarios sobre particular, alegando que esto sólo correspondía a las autoridades locales.
Luego de varias décadas viajando a lugares hacia los cuales ningún turista visitaría, Tarlow se enamoró de Sosúa. Se sintió atraído por la Costa Norte del país caribeño, una de las menos desarrolladas turísticamente y allí pasó la mayor parte del tiempo interactuando con los locales y conociendo su cultura. Se ganó no sólo a los miembros de la comunidad judía, sino a los lugareños que trabajaban para él.
En el año 2002 compró una casa en Sosúa, con vista al mar por valor de un millón de dólares y pronto comenzó a dividir su tiempo entre la tranquila y pintoresca Sosúa y su práctica de abogado en Portland, al frente de la firma Tarlow, Naito & Summers LLP.
“Lo echaremos de menos, varios de sus vecinos viajarán a los Estados Unidos para asistir a las honras fúnebres”, fueron las palabras de su amiga Birgit Kottmann, quien solía cuidar de su casa durante su ausencia.
“Tarlow brindó soporte económico a una escuela de Sosúa y fue mentor del programa el Proyecto del Sueño, lo cual incluía el pago de la matrícula a varios niños”; fue un gran hombre y no merecía lo que le sucedió, fueron las palabras de Kottmann.
Art Tarlow compró su casa en el opulento vecindario de Playa Chiquita, al mismo tiempo en que un grupo de hoteleros de Sosúa estaban tratando de expandir el Resort Sosúa Bay.
Originalmente se concibió un edificio en estuco, color amarillo brillante, con veredas al aire libre, bordeadas de metal. La propiedad de 7,000 metros cuadrados adyacente al resort debería incluir un lujoso casino, un centro de convenciones, facilidades deportivas y dos canchas de squash.
La página web del Resort todavía se refiere a los planes de construir “uno de los casinos más grandes y lujosos de la Costa Norte de la República. Dominicana”.
No obstante, para llevar a cabo estos planes los operadores del hotel iban a necesitar mucho dinero.
Armando Casciati, ciudadano italiano, propietario y operador del resort con vista al mar, es un reconocido empresario de Sosúa, propietario de negocios tan diversos como clubes nocturnos, una estación de televisión y una fábrica de pañales.
Los inversionistas originales convinieron con Tarlow la suma de $1.8 millones, reduciéndola en mayo del 2004 a $100,000, según consta en los documentos del grupo de inversionistas. Este mismo grupo de dominicanos y norteamericanos formó y registró en Rep. Dominicana la compañía Mocarello, la cual compró equipos de juegos y accesorios de casino.
Pero el proyecto se detuvo, empantanado a causa de varias demandas judiciales. Se puso en tela de juicio la propiedad de la tierra donde sería construido el Casino, según consta en la documentación de Mocarello.
Otro aspecto que contribuyó a la demora del proyecto fue la batalla campal entre Casciati y uno de sus antiguos socios en el negocio.
Armando Casciati e Ian Schembri-Sant tenían serios conflictos cuyos orígenes estaban relacionados con el hecho de quien administraría el Victorian House, así como también las propiedades Sosúa Bay y Azzurro, de acuerdo a las reseñas de las noticias.
“La situación llegó a tal grado de deterioro que en diversas ocasiones hubo reyertas y escaramuzas, despliegue de armas de fuego disparadas por guardianes de la seguridad privada, miembros de la Policía Nacional y el Ejército Nacional.
Afortunadamente ninguna persona resultó herida a causa de estos incidentes”, según indica un periódico del año 2005.
Los vecinos de Sosúa se quejaban de las continuas reyertas protagonizadas por ambos socios de los hoteles. Preocupado por la seguridad de los turistas y para evitar que decidieran irse del país a causa de las mismas, un fiscal local decidió intervenir y propiciar un acuerdo, mediante el cual Casciati le compraba a Schembri-Sant el 15% de las acciones.
En verano del 2007, cuando el Casino estaba supuesto abrir, Mocarello comenzó a vender 152 máquinas tragamonedas, así como también otros equipos con el fin de cubrir los honorarios legales.
Aún la alfombra, la cual está extraviada, estaba supuesta a ser parte de esta negociación a manera de indemnización.
En los años subsiguientes Tarlow y los demás se vieron sumergidos en la maraña de documentación legal que caracteriza la burocracia propia de los países del Tercer Mundo.
Las firmas de abogados fueron y vinieron. Las leyes federales cambiaron y algunos inversionistas se desistieron.
“Nada se concluye en este país “asegúrate de contar tus dedos cuando le des la mano a alguien. Esto es algo que aconsejaré a todo el mundo. Dios, estoy cansado de todo esto. Tengo una vida, aunque no lo parezca”, según escribió Tarlow en un documento de Mocarello el pasado octubre.
En diciembre, la Corte había establecido que el Victorian House y el terreno adyacente que albergaba las instalaciones del Casino a medio construir fueran subastados en julio, con una puja de apertura de $3.9 millones.
El Hotel está valorado en $5 millones y el solar en $3.2, según muestran los documentos de la compañía.
Los $3.9 millones cubrirían la inversión inicial de $1.8 millones, así como también los daños y perjuicios de tantos años de acciones legales y honorarios --- así como la suma por separado de $750,000 de derecho de retención de la propiedad.
Los miembros de la compañía Macarello no estaban interesados en operar el hotel y nunca pensaron en llevar esta situación tan lejos.
Tarlow escribió: “Opino que Armando nunca nos dejaría tomar control, ni vendría a la mesa de las negociaciones si la venta se materializa.
Espero / creo que si podemos vender, Armando vendría a la mesa de las negociaciones para evitar que tomemos posesión del pequeño hotel y sus ganancias”.
Los familiares de Tarlow dijeron a la Policía que los documentos más recientes de la Compañía Macarello no fueron encontrados en su casa.
Fuente: http://www.oregonlive.com/business/index.ssf/2010/06/tarlows_slaying_raises_questio.html.