Opinión

 

POR QUÉ ESTAMOS COMO ESTAMOS

La aritmética nos sirve muy bien para medir aspectos relacionados con el desempeño de nuestra economía.

Por ejemplo, es fácil averiguar si producimos más o producimos menos riqueza cada año; si exportamos más o exportamos menos; si crece o no el turismo; el desempeño de las  remesas que envían los dominicanos y dominicanas ausentes, etcétera, etcétera.

De igual manera, es fácil comprobar el notable crecimiento de nuestra economía de 1947—cuando fue creado el peso dominicano—hasta el día de hoy; es decir, sesenta años después. Como dijimos ayer, en 1947 el gobierno dominicano manejaba un presupuesto que apenas rondaba los cien millones de pesos; hoy maneja más de doscientos mil millones de pesos.

Pero a la hora de establecer si en términos institucionales hemos crecido tanto como lo hemos hecho en el orden económico, entonces ahí la aritmética probablemente no nos sirve de nada.

Probablemente una de las pocas maneras de saber si hemos crecido en términos institucionales y sociales es comparando las prácticas de gestión gubernamental y estatal de, por ejemplo, 1947, con las actuales.

¿Disponemos por fin de un Plan Nacional de Desarrollo o sigue dependiendo nuestro futuro como país de las iniciativas que el mandatario de turno entiende que son las prioritarias?

¿Qué participación tienen las instituciones comunitarias en la determinación de prioridades y en la asignación, administración o contraloría de los recursos?

¿Siguen estando los intereses particulares—personales o de grupo—por encima de los intereses generales del país?

¿Están las instituciones al servicio de las metas y las necesidades nacionales del país o están al servicio de las ideas, los planes y los intereses de sus incumbentes de turno?

¿Están las comunidades más y mejor organizadas? ¿Se practica en ellas métodos de administración y gestión modernos y democráticos o son simples instrumentos de los partidos, grupos de interés o—peor aún—de personas?

¿Cuánto se apegan los administradores de la cosa pública—por ejemplo—a las leyes y reglamentos que gobiernan sus instituciones?

Las respuestas a ésas y otras decenas de preguntas podrían darnos una idea de cómo andamos en términos institucionales y ayudarnos a comprender por qué estamos como estamos.

Fuente: www.perspectivaciudadana.com

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