Opinión

 

UN MUNDO AL REVÉS

Don Santiago Paniagua frisa los sesenta años de edad. Veintisiete años de esos casi sesenta—prácticamente la mitad—los ha pasado vendiendo frutas y vegetales; primero en un triciclo, después en un motorcito al que adosó un pequeño remolque.

En esos 27 años forjó su propia vida, la de su familia—incluyendo a su madre—y levantó una modesta y digna vivienda.

Pensé mucho en Don Santiago cuando hace dos días oía a uno de nuestros grandes empresarios hablar sobre el trabajo “de calidad”, el trabajo “informal” y el trabajo “inseguro”, y me dije: Si después de 27 años el trabajo de ese admirable dominicano no es “de calidad”, es “inseguro” y es “informal” es porque nuestro mundo está al revés.

Ese infeliz que no puede ser más trabajador, serio, honesto y digno—como millares de dominicanos y dominicanas de su condición y estirpe—no tiene acceso sino al crédito usurero; no recibe subsidios como los arroceros, las edes, los choferes, los panaderos, etcétera, y tiene que vandeárselas como Dios lo ayuda.

Veintisiete años después, don Santiago Paniagua demuestra que su trabajo no es nada de lo que dice aquel señor empresario y que si no es mucho más se debe a que el Estado ha abandonado desde siempre a esos pequeños-grandes hacedores del presente y el futuro de su familia y (¿Por qué no?) de la patria.

Como él hay cientos de miles de dominicanos y dominicanas en pequeños talleres de metal-mecánica, de zapatería, de mecánica a todos los niveles; en fondas y pequeños comedores, comerciando de todo, abandonados a su suerte pero dados a sobrevivir y luchar ignorados por un Estado que sólo los toma en cuenta para cobrarles todo lo que pueda.

¿Qué ocurriría si se pusieran en práctica los mecanismos—que los hay, y muchos—para organizar y cooperativizar a toda esa gente; para hacerlos sujetos de crédito; para hacerlos parte de políticas solidarias no clientelistas ni de dádivas?

¿Imagina usted lo que sería nuestro país en poco tiempo si se ponen al servicio de esos cientos de miles de hombres y mujeres mecanismos de apoyo como los que tienen los grandes empresarios que hacen lobby, que reciben subsidios y crédito siempre?

Quien hace “informal”, “inseguro” y “de poca calidad” ese trabajo de hormiga no es otro que el Estado insolidario en que vivimos que siempre ha estado y sigue estando al servicio de unos pocos. ¿No le parece?

 

Publicado con autorización expresa de los autores. www.perspectivaciudadana.com
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