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Liderazgo en Tiempos de Crisis

Ultima Actualización: martes, 17 de agosto de 2021. Por: Artículo Invitado

Por: Oscar Lora

Ser un buen líder no es cosa fácil. Dirigir una familia, un equipo, una organización, o todo un país es sin duda una de las tareas más complejas que cualquier persona puede asumir en su vida personal o profesional.

 

Es por esta misma razón que liderar no es algo que todo el mundo es capaz de hacer. En un entorno laboral, por ejemplo, no todo colaborador estrella tiene el deseo o la capacidad para ascender a un puesto de supervisión y tener un desempeño igualmente estelar. Se requiere una verdadera vocación, y se requiere contar o desarrollar una gama de habilidades específicas. Existen “líderes natos”, con un talento natural para guiar un grupo de gente, mientras otras personas descubren esa vocación con estilos de liderazgo y personalidad menos convencionales. En ambos casos, sin embargo, los líderes deben apalancar ese talento natural o desarrollar su capacidad de liderazgo a través de métodos, entrenamiento, y constante crecimiento personal.

 

Ser un GRAN líder, ese que produce resultados excepcionales y que inspira a los grupos que dirige de forma extraordinaria; ese que deja huella en una organización o en la sociedad en general, es sin duda más complicado. ¡Esos grandes líderes son escasos!

 

La tarea puede llegar a ser más fácil cuando las cosas van bien. Liderar una organización en tiempos de bonanza, simplifica la tarea del líder y puede, incluso, llegar a ocultar las imperfecciones del líder. Es común en estos casos calificar a alguien como un excelente líder simplemente porque los resultados cuantitativos de la organización son en su mayoría positivos.

 

La cosa cambia en tiempos de crisis. Es ahí en donde queda en evidencia la verdadera capacidad de un líder, donde claramente se puede distinguir entre el líder sólido, el líder promedio y el líder malo. En esos tiempos se puede medir al líder, aquel quien, a pesar de los resultados cuantitativos positivos que su gestión haya obtenido en el pasado, también se demuestra ante la adversidad su falta de capacidad para gestionar con eficacia al grupo que dirige.

 

La historia de la humanidad tiene varios ejemplos de esos grandes líderes que se consolidaron como tal en tiempos de crisis. Un referente preferido es Winston Churchill y su gestión como Primer Ministro del Reino Unido durante la 2da Guerra Mundial. Confrontando una amenaza existencial para su país, Churchill logró mantener a su pueblo unificado en un mismo objetivo, resiliente ante la adversidad y victorioso al final del proceso. En diversos artículos sobre su estilo de liderazgo se destaca su indudable carisma y personalidad, características innatas que le ayudaron en su trayectoria. En adición, Churchill operaba hábilmente la aplicación de diversos elementos de liderazgo que fortalecieron su efectividad ante semejante crisis.

 

En primer lugar, podemos referirnos a su gran capacidad como comunicador y su cercanía con la gente. Desarrolló un estilo de oratoria directo y efectivo, siempre sustentado en la verdad y en los hechos, pero construyendo sobre ellos un mensaje inspirador y esperanzador. Más aún, no se limitó a comunicarse con su pueblo por los medios oficiales, sino que priorizó el estar presente en las calles, en las zonas de conflicto o de desastre, hablando con su gente, liderando con el ejemplo y su cercanía, generando en consecuencia una total credibilidad en su persona y en las estrategias que él marcaba para superar la crisis. Con ello, llevó el actuar de su pueblo a niveles extraordinarios de resistencia y resultados bajo el entorno más adverso posible.

 

Adicionalmente, su enfoque constante en tomar acción, en la rápida y eficiente toma de decisiones, y en corregir el rumbo cuando dichas decisiones no daban los resultados esperados, fueron indispensables para su éxito. De manera que su mensaje no quedaba sólo en palabras.

 

Las acciones específicas, los logros alcanzados de las estrategias, y el trabajo casi sin descanso que Churchill y su equipo desplegaban eran claramente percibidos por el pueblo, y reforzaban el compromiso de todo el país con la causa.

 

En este 2020 el mundo está experimentando una crisis de proporciones similares. El registro de la historia ya está marcando a algunos jefes de estado como grandes líderes, mientras otros se han quedado muy cortos. En estos últimos podemos apreciar estilos y estrategias de liderazgo contrarias a las aplicadas por Churchill cuyos resultados han sido tan lamentables, no sólo en la pérdida innecesaria de vidas humanas y en el estancamiento económico, sino también, en la división política y social en un gran número de estos países.

 

En el mundo empresarial y en nuestra industria de la hospitalidad también vemos este fenómeno. Mientras algunas organizaciones, grupos y propiedades son gestionadas por líderes brillantes, coherentes, ejemplares y comprometidos con la comunicación efectiva hacia sus equipos, algunas otras han descubierto carencias en liderazgo cuando la situación más lo ha requerido. Tanto unas como otras se han visto obligadas a reducir sus plantillas laborales, enfrentadas con la inevitable necesidad de generar las eficiencias que permitan la supervivencia. Las organizaciones que han llevado el proceso de manera correcta, con transparencia en la comunicación, transmitiendo claramente su visión de recuperación e involucrando a sus equipos en la toma de decisiones, tendrán como resultado un grupo de colaboradores listo para regresar con entusiasmo y compromiso a sus labores de manera gradual conforme a la recuperación de las actividades de cada sector. Estas empresas serán capaces de captar al talento óptimo para alcanzar los niveles de servicio y rentabilidad necesarios de manera más rápida. Por otro lado, aquellas empresas cuyos líderes han comunicado las estrategias ineficientemente, han sido distantes con el personal que permanece, no han sido empáticos con el personal que ha sido separado y tampoco han liderado con el ejemplo, verán una recuperación mermada y problemática.

 

Hoy más que nunca ser un líder ejemplar es una de tus principales responsabilidades, para con tu organización y para contigo mismo.