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Para recordar…no te canses

Ultima Actualización: jueves, 20 de noviembre de 2014. Por: Ramiro Francisco

Tan culpable es el corrupto que roba los dineros del pueblo, como parte de ese mismo pueblo que alza sus voces para defenderlos y vota por ellos.

 Los pueblos no deben, no pueden sentir cansancio en su lucha contra la corrupción y las injusticias, si desean instituciones fuertes y ciudadanos conscientes de sus derechos y de sus deberes.
 
Tan culpable es el corrupto que roba los dineros del pueblo, como parte de ese mismo pueblo que alza sus voces para defenderlos y vota por ellos.
 
No es de extrañar, que los pueblos sufren transformaciones, se fortalecen, aprenden y crecen, muchas veces fruto del dolor, de las desigualdades, de los encarcelamientos, brutalidades, injusticias y hasta de la muerte de muchos de sus ciudadanos.
 
No pocos olvidan que las débiles democracia que respiran muchos de nuestros pueblos latinoamericanos ha sido abonada con sangre. La Historia está ahí.
 
El campesino no puede perder las esperanzas  ante una prolongada sequía o en los tiempos de mucha agua e inundaciones.
 
¿Soñaba Panamá con que su “Hombre fuerte” Manuel Noriega, político y militar con todos sus años de gloria y poder, daría con sus huesos a la cárcel?
 
¿Qué bufón de la corte peruana en los días de gloria de Alberto Fujimori soñaría que este terminaría como rata inmunda preso por corrupción?
 
Todo funcionario sin importar la categoría, que cedió a la tentación y robó al Estado en Brasil, aún fuera cercano de la actual gobernante Dhilma Rousseff o de su antecesor Lula Da Silva, se encuentran presos.
 
¡Sueña Pilarín! Dirán algunos!Es asunto del sistema! ¡Nuestras instituciones no son tan fuertes! ¡Tenemos una justicia carcomida y corrompida!
 
Con todo, no podemos cansarnos y dejar la lucha para nuestros nietos. Luchar para fortalecer nuestras instituciones.
 
Está bueno para permitir sonrientes, que quienes desfalquen al Estado y a cualquier institución pública disfruten de por vida de impunidad.
 
La indignación, el dolor, la sed de justicia, son componentes duros, amargos, que hacen despertar también a los pueblos.
 
Que lo recuerden – porque lo saben – todas nuestras autoridades.
 
ramiro_francisco@yahoo.com