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Capitán o Presidente

Ultima Actualización: martes, 22 de junio de 2021. Por: Ramiro Francisco

Mi padre no era marino. Ni militar ni mercante. Eso sí, tenía buenos amigos, muchos de ellos capitanes de goletas con quienes solía tener largas conversaciones.

Uno de ellos solo alcanzo a recordarlo con el alias o sobrenombre de Ratón, residente en la calle Los Rieles, un poco más al Oeste de donde vivía la familia Puello, de grata recordación.

Por esos años de finales de los 50s, todavía el comercio entre Puerto Plata, Samaná, Sánchez y algunas islas cercanas como Turk Island, o las Bahamas, se realizaba en goletas. Pequeñas embarcaciones de madera movidas por el viento, antes de llegar otras de mayor tamaño movidas por motor mecánico de gasoil.

A veces, mamá me dejaba acompañar al viejo y entre juego de dominó y –algunos tragos- surgían los cuentos e historias de las travesías de esas embarcaciones.

Pensemos un momento en esos rudos marineros y capitanes de esas goletas, cuando se les presentaba un mal tiempo o borrasca.

A merced de las olas y el viento. Sacando agua de la embarcación, arriar el velamen, bregar con sogas y cuerdas, el timonel pegado como fiera al timón de la nave, y el capitán dando muestra de valentía, destreza, ordenando y ayudando en todo recorriendo cada pulgada de su barco. ¡Un verdadero equipo!

A veces, escuchaba decir, se duraban días y noches en esas faenas.

Por entonces, no había tanta tecnología. Se desconocía hasta sobre la formación de tormentas en el trayecto. Aunque los viejos marineros, notaban las señales antes de desatarse las mismas.

Señales que podrían ser olas gigantes, cielo ennegrecido, poca o ninguna brisa que le impedía avanzar…en fin.

El miedoso y el haragán –creemos – no podía ser marino por entonces. ¡Había que tener agallas!

No siempre en las travesías de esas viejas goletas eran con mar calmada, bellos atardeceres y noches estrelladas.

Con los años, son muchos los buque-escuelas de otros países y del nuestro, que hemos recibido en nuestro muelle de Puerto Plata. Su entrenamiento a esos futuros oficiales de la Marina, no siempre será en mar calma.

Guardando la distancia y los movimientos de las olas, para la conducción de un Estado hay que tener “garras” y un buen equipo que sepa realizar su trabajo.

Es bueno y honroso ser llamado Capitán o Presidente. ¡Cuánta destreza, don de mando, diplomacia y liderazgo hay que demostrar!

¡El buen marinero, se conoce en el mar bravo!