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Cuando el endeudamiento hace que el lobo llegue más tarde

Ultima Actualización: sábado, 01 de junio de 2019. Por: Artículo Invitado

La presente carrera de endeudamiento conllevará, en un futuro no muy lejano, un incremento en los impuestos.

El Gobierno dominicano anunció esta semana que había colocado bonos en los mercados financieros internacionales por un monto de US$ 2,500 millones, equivalentes a RD$ 126,307.5 millones; de los cuales, US$ 1,000 millones correspondieron a bonos denominados en moneda nacional y el resto en dólares. Como siempre, la noticia es presentada como un gran éxito de la política de endeudamiento público. Sin embargo, algunos aspectos de ese proceso – al parecer indetenible – de endeudamiento levanta algunas preocupaciones que son comunes para la mayoría de los analistas, pero ignoradas por los responsables de las finanzas públicas.

Y, probablemente, el evaluador más creíble sea el propio FMI que en múltiples ocasiones ha expresado sus cautelosas observaciones acerca de la trayectoria de la deuda pública dominicana. Se debe tener presente que ese organismo ha ido desplazando, de tiempo en tiempo, el umbral de su preocupación. En un momento se preocupaba porque la deuda pública pudiera alcanzar el 53% del PIB; recientemente, expresó que al ritmo que iba la deuda pudiera alcanzar el 56.3% del PIB para el año 2022.

Pues bien, con la emisión de bonos de esta semana ese umbral ha sido alcanzado, al menos temporalmente. Es decir, que el Gobierno dominicano considera como un éxito haber llevado el total de la deuda pública al 56% del PIB con tres años de anticipación en relación con lo previsto por el FMI, a pesar del rápido crecimiento de la economía dominicana en los últimos años. La otra preocupación de este organismo financiero era la creciente participación de tenedores no residentes en la estructura de propiedad de los bonos dominicanos.

En este sentido, la presente emisión aumenta el riesgo asociado con la tenencia de bonos por parte de tenedores residentes en el exterior. Primero, porque la mayor parte de la colocación (US$ 1,500 millones) fue realizada en moneda extranjera, lo que aumenta la exposición al riesgo cambiario. Y segundo, porque la parte correspondiente a la emisión en pesos dominicanos (RD$ 1,000 millones) no está del todo exento de un riesgo cambiario para la economía dominicana, aunque el riesgo directo sea del tenedor del bono. Esto se debe a que en una situación de choque externo o interno los tenedores de esos bonos pudieran tratar de venderlos y convertir los pesos en dólares. Debemos recordar que el peso dominicano no es una moneda de libre convertibilidad en los mercados financieros internacionales. De manera que el balance neto de riesgo cambiario se ha incrementado con los nuevos bonos.

Otro aspecto que se ha destacado de los bonos dominicanos es que su colocación refleja el gran apetito en los mercados internacionales por deuda emitida por el gobierno dominicano, y se olvida un planteamiento de la economía internacional que habla de ‘la importancia de ser insignificante’. Esto ocurre cuando un país es tan pequeño que pudiera tomar ventajas del hecho de que sus decisiones no afectan los precios relativos internacionales. En el caso de la nueva colocación, esto significa que su participación relativa es tan pequeña en los mercados financieros internacionales – algo así como un grano de arena en una gran playa – que siempre aparecerán suficientes compradores amantes del riesgo, si son compensados con las correspondientes tasas de interés. El informe del Ministerio de Hacienda señala que unas 265 cuentas de inversionistas se interesaron en comprar los bonos dominicanos, un dato revelador de la importancia relativa de dicha emisión.

Lo que si resulta realmente inocultable es que la presente gestión de gobierno ha emitido, en un plazo de seis años, unos US$ 17,000 millones en bonos externos, una cifra muy alta, independientemente del estándar con que se mida. Es una tendencia que no se vislumbra que cambie en el futuro cercano. Al observar el presupuesto de este año, el 96% del nuevo endeudamiento está contemplado en bonos, ya sea externos o internos.

El ministro de Hacienda ha dicho que el endeudamiento es con el propósito, entre otros, de cumplir con el programa de inversiones públicas; de forma que se pudiera razonar que si las inversiones públicas no son suficientes – solamente representan cerca de un 15% del gasto público – se debe, entonces, a que el endeudamiento es insuficiente. Pero como los ingresos presupuestarios son fungibles (cuando el Gobierno recibe ingresos, en su mayoría entran a un fondo general) y la colocación de bonos no conlleva ninguna condicionalidad en su uso, en consecuencia, pudiéramos argumentar que el endeudamiento bruto (RD$ 231,880 millones) del presente año serán dedicados exclusivamente al pago del servicio de la deuda (RD$ 233, 886). Y, efectivamente, estaríamos diciendo que el gobierno se está endeudando para pagar sus deudas – una especie de esquema de Ponzi.

Si de algo podemos estar seguros es de que la presente carrera de endeudamiento conllevará, en un futuro no muy lejano, un incremento en los impuestos, aunque por el momento ese endeudamiento ha pospuesto la llegada del lobo... Mientras tanto, el Gobierno dispone de recursos presupuestarios frescos y suficientes, como para hacerse sentir en la lucha interna por la candidatura presidencial...


Fuente: https://www.diariolibre.com/opinion/en-directo/cuando-el-endeudamiento-hace-que-el-lobo-llegue-mas-tarde-AK12901203