Canela Tavarez Abogados

Sin razones, sin Destino

Ultima Actualización: sábado, 06 de abril de 2019. Por: Jaro .

Los feligreses consiguieron la oportunidad de tener un hogar, tierra fértil abonada con la sangre de sus predecesores, paz en base a sacrificio de muerte.


Penetraron los guerreros al río de la muerte. Lucharon con voluntad férrea y la fé como estandarte. Se abrieron paso entre tristeza y frustraciones, entre lamentos y lágrimas. Observaron cómo algunos compañeros caían; tenían que dejarlos atrás, heridos y agonizantes en su paso de devastación y libertad.

Llegaron a la orilla encontrando desolación más no perdieron el rumbo de su destino y con pocas esperanzas continuaron paso a paso, hombro con hombro, armas en las manos y con la intención firme de honrar a los caídos. Cargaron los heridos, les dieron de beber y con ello el ánimo implícito de que continuar era la única opción.

De parada en parada se sumaron los abandonados en su desdicha, consiguieron un motivo para continuar, solo seguían su conciencia y sentimiento, marcharían de frente al sol al amanecer y a sus espaldas al atardecer La noche lúgubre y temerosa los mantenía en vilo; su penumbra era oscura, con una tranquilidad infernal, sumida en una calma presagiante de incertidumbres y dolor.

El día no era menos; gris, sin nubes ni viento, con el polvo fino de la sequía, de un terreno requebrado y raíces que emanaban de la tierra prestas a conseguir alguna oportunidad de subsistencia con la sangre de los heridos y los muertos en batalla, en el medio de la nada, con un calor húmedo emergente de las entrañas de la tierra abierta, día tras día, sin presente y sin futuro, sin planes ni proyectos, sin vida, apartados de la realidad y la imaginación, sólo con el valor de algún día llevar el pensamiento a la paz interna.

Vivian nómadas en una herejía penitente y constante. Poco a poco fueron cayendo los guerreros, uno a uno, muchos en el frente, otros por cansancio e inanición. No conocieron su destino, no lo tenían, nunca lo tuvieron. Se ciñeron a la Esperanza que brinda la fe . Ninguno conoció la paz , no fueron escogidos para ese fin, no conocieron la razón de su lucha, a quien defendían, pero sí de quien lo hacían. El sentido del deber marcaba su rumbo de justicia y libertad. Con el tiempo aquellos que fueron testigos entendieron que mientras se hacían camino iban sembrando semillas de bien, florecían los árboles.

Los feligreses consiguieron la oportunidad de tener un hogar, tierra fértil abonada con la sangre de sus predecesores, paz en base a sacrificio de muerte, porvenir gracias a los caídos, aquellos que predicaron con el ejemplo, aquellos que buscaban una razón en el futuro sin conocer que el bien lo iban marcando a su paso, a sacrificio de espada, sangre y vida, dejando caminos en el desierto de la desolación y la esclavitud. 

¡Murieron todos! Erigieron en su honor un monumento. El Progreso les llegó a los salvados, reinó la tranquilidad, vinieron las riquezas, la codicia, el comercio y la diversión. Fueron olvidados rápidamente. Su monumento le da sombra a los perros callejeros que yacen frescos en el recuerdo de lo que fue y no será. 

Jaro.