Por Haití, por nosotros

Ultima Actualización: viernes, 16 de enero de 2015. Por: Juan Yamil Musa

Desde mediados del siglo pasado hasta la fecha, acumulamos más de sesenta años sin una correcta y responsable acción gubernamental en aras de afrontar el delicado tema migratorio con nuestro hermano país Haití.

Sinceridad, ante todo. República Dominicana acumuló durante largos años un problema migratorio que omitió solucionar debidamente. Desde mediados del siglo pasado hasta la fecha, acumulamos más de sesenta años sin una correcta y responsable acción gubernamental en aras de afrontar el delicado tema migratorio con nuestro hermano país Haití. Fuera de todo juicio de valor sobre las causas (y consecuencias) de este gran pasivo, que únicamente no se le puede endilgar al sector público, finalmente el Estado decidió ser firme en solucionar, desde las entrañas, este importante tema.

Por ello, la Ley 164-14 y su Reglamento de aplicación nacieron con esta finalidad. Era necesario establecer los regímenes y alcances sobre la nacionalidad dominicana, la naturalización y la residencia de extranjeros en nuestro país, esto es, todo el conjunto de disposiciones que legalmente establecieran que un nacional no dominicano pudiese establecerse en suelo dominicano. Y ahí vamos, cumpliendo con nuestro compromiso, deseando que cada avance en este largo proceso sirva para mejorar cada día más nuestras relaciones con el vecino país. Podremos, en tiempo razonable, apoyar o criticar estas políticas públicas según sus resultados, pero siempre deberemos aplaudir la decisión responsable de encarar esta problemática.

Pero más allá de centrarnos en la convivencia pacífica de nuestros vecinos y nosotros, que compartimos esta pequeña isla de limitados recursos, nuestra preocupación, ahora, debe ser la solución definitiva de la inestabilidad política que vive Haití. El germen de la mejor solución migratoria posible entre ambos países ya no solamente recae sobre la decisión soberana del Estado dominicano de puntualizar su problema migratorio, sino que además es responsabilidad intrínseca del Estado haitiano. Una mayor inestabilidad política allí, deviene en un mayor problema migratorio acá.

República Dominicana sufrió fuertes presiones internacionales que significaron injerencias sobre nuestro derecho constitucional y soberano de establecer nuestras políticas migratorias, producto de la sentencia del Tribunal Constitucional No. 163/14 de fecha 23 de septiembre del año 2013, y posteriormente quedó demostrado que el ánimo nuestro no era actuar de espaldas a la problemática, sino de frente. Hoy, debemos abogar porque esa misma comunidad internacional, y sin que signifique esta vez injerencia sobre el sistema político de Haití, fiscalice, observe, proponga y colabore a una solución eficaz de la inercia social, política y económica que los mismos viven. Haití vive una incertidumbre permanente desde el pasado terremoto que les afectó el 12 de enero de 2010. A pesar de la gran ayuda internacional, provenientes de potencias extranjeras, organizaciones no gubernamentales, entidades religiosas, etc., Haití no ha podido capitalizar dichas acciones en mejorías tangibles para sus ciudadanos. Es por ello que ahora desearíamos que, la misma intensidad mostrada en las ayudas tras el terremoto y la presión que recibimos tras la sentencia del Tribunal Constitucional, sean ahora traducidas en nuevas acciones tendentes a regularizar todo el sistema político de Haití. Queremos ver esa firmeza.

Toda acción tendente a la mejoría de Haití, es una acción de mejoría para República Dominicana. Si, en verdad, la comunidad internacional quiso solidarizarse con Haití y sus descendientes en circunstancias pasadas, que lo demuestre ahora apoyando acciones concretas que signifiquen estabilidad política, económica y social en Haití. Tiene la comunidad internacional la oportunidad de oro de demostrar si real y efectivamente existe de su parte sinceridad al preocuparse por la parte oeste de la isla (¿lo harán?). Y, por supuesto, el Estado dominicano estará en primera fila en esta colaboración. Como lo hemos estado, a pesar de todo. Que lo hagan por Haití, que lo hagan por nosotros. Sinceridad, ante todo…

 

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